Rotura del ligamento cruzado anterior (LCA)
¿Qué es una rotura del ligamento cruzado anterior (LCA)?
El ligamento cruzado anterior es una banda de tejido resistente situada en el centro de la rodilla. Une el fémur con la tibia, limita el desplazamiento de la tibia hacia delante y ayuda a controlar la rotación al girar, al aterrizar y en los cambios bruscos de dirección. Una rotura del LCA se produce cuando una fuerza estira este ligamento más allá de su capacidad y daña algunas o todas sus fibras.
Las lesiones del LCA suelen describirse como esguinces de grado 1, roturas parciales de grado 2 o roturas completas de grado 3. El grado por sí solo no determina el tratamiento: importan la estabilidad de la rodilla, las lesiones asociadas, los objetivos de actividad, la edad, la profesión y la disposición a seguir la rehabilitación. Una rotura completa puede causar una gran inestabilidad en una persona y, sin embargo, interferir menos en la rutina diaria de otra.
¿Qué causa una rotura del LCA? Factores de riesgo y mecanismos de lesión
Muchas roturas del LCA son lesiones sin contacto. La rodilla puede hundirse hacia dentro con el pie apoyado, el cuerpo puede girar sobre una pierna fija o un deportista puede aterrizar con un control deficiente de la cadera y la rodilla. Un golpe directo también puede romper el ligamento, sobre todo cuando la rodilla es forzada hacia atrás o hacia un lado.
- Deportes con giros, cambios de dirección o frenadas bruscas, como el fútbol, el baloncesto, el esquí y el balonmano.
- Aterrizar con la rodilla relativamente estirada o hundiéndose hacia dentro, en lugar de absorber la fuerza con la cadera y la rodilla.
- Un aumento rápido de la intensidad del entrenamiento, la fatiga, un control neuromuscular reducido o una recuperación insuficiente entre sesiones exigentes.
- Superficies de juego, calzado y equipamiento que generan un agarre excesivo o hacen más probable una caída sin control.
Los factores anatómicos y hormonales pueden influir en el riesgo, pero no pueden valorarse solo a partir de los síntomas. Una lesión previa del LCA también es importante, porque las alteraciones de fuerza, equilibrio o control del movimiento pueden exponer cualquiera de las dos rodillas a otra lesión. Estos factores orientan la prevención y la rehabilitación, más que predecir con certeza quién se romperá el ligamento.
Síntomas de una rotura del LCA
Algunas personas oyen o notan un chasquido en el momento de la lesión, seguido de dolor e hinchazón rápida. Otras notan sobre todo que la rodilla falla cuando intentan ponerse de pie, girar o seguir jugando. Los síntomas varían según la gravedad de la rotura y según las lesiones del menisco, del cartílago o de otros ligamentos.
- Dolor profundo en la rodilla y dificultad para apoyar todo el peso sobre la pierna lesionada.
- Hinchazón que aparece durante las primeras horas tras la lesión.
- Pérdida de la flexión o la extensión completas por dolor, hinchazón o un bloqueo mecánico.
- Sensación de holgura, desplazamiento o fallo, sobre todo al girar y al bajar escaleras.
El dolor puede calmarse mientras la inestabilidad persiste. Volver a actividades con cambios de dirección o giros solo porque la hinchazón ha mejorado puede provocar otro episodio de fallo y nuevas lesiones articulares. Un bloqueo persistente, la imposibilidad de estirar la rodilla o una sensibilidad marcada a lo largo de la interlínea articular pueden indicar una lesión meniscal asociada.
¿Rotura del LCA u otra lesión de rodilla?
Una rotura del LCA puede parecerse a otras lesiones de rodilla o producirse junto con ellas. Una rotura de menisco produce con más frecuencia dolor en la interlínea articular, sensación de enganche o bloqueo, aunque las roturas meniscales traumáticas acompañan a menudo a las lesiones de ligamentos. Un dolor concentrado en la cara interna tras una fuerza lateral puede orientar hacia una lesión del ligamento colateral medial, mientras que el dolor y la inestabilidad tras una fuerza que empuja la tibia hacia atrás hacen sospechar del ligamento cruzado posterior.
Un traumatismo grave puede dañar varias estructuras estabilizadoras a la vez. Una inestabilidad marcada en más de una dirección, una alteración de la sensibilidad, un pie frío o la sospecha de un problema circulatorio requieren una valoración urgente ante una posible lesión multiligamentosa de la rodilla. La exploración y las pruebas de imagen adecuadas distinguen estos problemas e identifican qué tejidos necesitan un tratamiento prioritario.
¿Cómo se diagnostica una rotura del LCA?
El diagnóstico comienza con el mecanismo de la lesión, el momento en que apareció la hinchazón y los posibles episodios de fallo. Se exploran ambas rodillas para valorar la hinchazón, la amplitud de movimiento, la sensibilidad y la estabilidad. La prueba de Lachman es especialmente útil para valorar el desplazamiento de la tibia hacia delante; las pruebas del cajón anterior y del pivot shift aportan información adicional cuando el dolor y la defensa muscular permiten realizarlas de forma fiable.
Las radiografías no muestran el propio LCA, pero ayudan a identificar fracturas, problemas de alineación o cambios óseos. La resonancia magnética puede confirmar la lesión del ligamento y valorar los meniscos, el cartílago, el edema óseo y otros ligamentos. Las imágenes apoyan la valoración clínica, pero no la sustituyen, y el aspecto en la resonancia debe interpretarse junto con los síntomas y la estabilidad funcional de la persona.
Atención inmediata y tratamiento no quirúrgico
La atención inicial se centra en proteger la rodilla, controlar la hinchazón y recuperar un movimiento cómodo. El reposo relativo, la aplicación de frío, la compresión y la elevación pueden ayudar en la fase inicial. Pueden usarse muletas si al caminar se cojea, mientras que la rodillera se reserva para determinados patrones de inestabilidad o lesiones asociadas, en lugar de prescribirse de forma automática.
El tratamiento no quirúrgico puede ser adecuado para una rotura parcial con buena estabilidad, para una persona cuyas actividades no requieren giros o para alguien dispuesto a modificar las exigencias deportivas y laborales. Es una vía de rehabilitación activa, no un simple reposo. Los fallos repetidos pese a una rehabilitación adecuada indican que la rodilla no tolera la actividad prevista y que debe volver a valorarse.
Ejercicio y rehabilitación en una lesión del LCA
La rehabilitación es esencial tanto si el tratamiento es quirúrgico como si no lo es. La progresión se basa en la hinchazón, el movimiento, la fuerza y la calidad del movimiento, no solo en el calendario. Los ejercicios deben ajustarse si la rodilla se hincha más, duele más o se vuelve más inestable tras una sesión.
- Recuperar la extensión completa de la rodilla, recuperar gradualmente la flexión y normalizar la marcha sin cojear.
- Activar y fortalecer el cuádriceps, los isquiotibiales, los músculos de la cadera y la pantorrilla manteniendo controlada la hinchazón.
- Desarrollar el equilibrio sobre una pierna, el control del tronco y la confianza en tareas funcionales controladas.
- Añadir carrera, saltos, aterrizajes y ejercicios de cambio de dirección solo después de cumplir criterios adecuados de fuerza y control.
Un programa estructurado también ayuda a comprobar si el tratamiento no quirúrgico puede proporcionar una estabilidad suficiente. En las personas que prevén una reconstrucción, la rehabilitación preoperatoria puede reducir la hinchazón, recuperar el movimiento y mejorar el control muscular antes de la cirugía.
¿Curan el LCA las rodilleras, las infiltraciones o los tratamientos biológicos?
Una rodillera puede mejorar la confianza o proteger una lesión asociada durante un tiempo limitado, pero no sustituye al control muscular ni a la rehabilitación. El uso rutinario y prolongado de una rodillera no puede garantizar que una rodilla con inestabilidad funcional se mantenga estable durante un deporte con giros. Por tanto, la necesidad de una rodillera debe decidirse según la lesión concreta y la fase de la recuperación.
Las infiltraciones analgésicas no restablecen la función mecánica de un LCA roto. El plasma rico en plaquetas, los productos con células madre y otros enfoques biológicos siguen siendo objeto de estudio y no son sustitutos establecidos de la rehabilitación basada en la evidencia ni de la reconstrucción cuando la inestabilidad la requiere. Cualquier infiltración propuesta debe comentarse en términos de su objetivo realista, su incertidumbre y sus alternativas.
¿Cuándo es necesaria la reconstrucción del LCA?
No todas las roturas del LCA requieren cirugía. La reconstrucción se considera cuando la rodilla falla repetidamente, cuando una persona quiere volver a deportes con giros o de contacto, cuando el trabajo exige una estabilidad rotacional fiable o cuando una lesión reparable del menisco o de otros ligamentos cambia el plan de tratamiento. La decisión se basa en la función y los objetivos, no solo en la redacción del informe de la resonancia.
La reconstrucción del LCA sustituye el ligamento roto por un injerto de tendón, en lugar de suturar entre sí los extremos de la mayoría de las roturas habituales en la porción media del ligamento. La elección del injerto, el momento de la cirugía y el tratamiento de las lesiones asociadas se planifican de forma individual. La guía de reconstrucción del LCA explica con más detalle la preparación quirúrgica, las opciones de injerto y la recuperación por fases.
Tiempo de recuperación y vuelta al trabajo o al deporte
El tiempo de recuperación varía según el patrón de la rotura, las lesiones asociadas, el tratamiento elegido y el objetivo de actividad. Con el tratamiento no quirúrgico, la función diaria puede mejorar a lo largo de varias semanas, pero correr y cambiar de dirección requieren un periodo más largo de trabajo progresivo de fuerza y control. Tras una reconstrucción, la rehabilitación suele prolongarse durante muchos meses, porque la integración del injerto y la recuperación neuromuscular continúan después de que el dolor haya cedido.
Un trabajo de oficina puede retomarse antes que los trabajos que implican subir, arrodillarse, cargar peso o realizar giros imprevisibles. La vuelta al deporte debe basarse en criterios: se tienen en cuenta en conjunto una hinchazón mínima, el movimiento completo, una fuerza adecuada, una buena mecánica de aterrizaje y de cambio de dirección y la preparación psicológica. Una fecha por sí sola no demuestra que la rodilla esté preparada, y una vuelta precoz puede exponer el injerto o la rodilla contraria a un riesgo evitable.
¿Se pueden prevenir las lesiones del LCA?
Ningún programa previene todas las lesiones del LCA, sobre todo las causadas por un choque. Sin embargo, los programas de calentamiento neuromuscular pueden reducir el riesgo modificable enseñando una técnica controlada de aterrizaje, frenada y cambio de dirección. Funcionan mejor cuando se practican de forma constante, y no cuando se añaden brevemente antes de una competición.
- Desarrollar la fuerza del cuádriceps, los isquiotibiales, la cadera y el tronco, prestando atención a la simetría y a la calidad del movimiento.
- Practicar aterrizajes suaves con la cadera y la rodilla flexionadas y la rodilla alineada sobre el pie.
- Aumentar progresivamente la carga de entrenamiento, controlar la fatiga y permitir la recuperación tras sesiones exigentes.
- Completar la rehabilitación y las pruebas objetivas de vuelta al deporte tras una lesión previa de rodilla.
¿Cuándo debe acudir al médico?
Busque una valoración rápida tras una lesión por torsión si la rodilla se hincha rápidamente, no puede soportar peso, no se estira por completo o falla repetidamente. Tras un traumatismo importante se necesita atención urgente si la rodilla parece deformada, el pie está frío o pálido, o aparecen entumecimiento y debilidad. Estos hallazgos pueden indicar una fractura, un menisco bloqueado, una lesión multiligamentosa o una lesión de nervios y vasos sanguíneos.
Una revisión ortopédica puede relacionar los hallazgos de la exploración y de las imágenes con sus objetivos laborales, deportivos y de estabilidad. Consulte la sección de afecciones y tratamientos de la rodilla para obtener información relacionada, o utilice la página de contacto para concertar una valoración individual.
