Reconstrucción del ligamento colateral medial (LCM)
¿Qué es la reconstrucción del LCM?
El ligamento colateral medial (LCM) va desde el fémur hasta la cara interna de la tibia y estabiliza la rodilla frente a la apertura hacia dentro (valgo). La reconstrucción del LCM es una cirugía que restablece la función de este ligamento con un injerto en las lesiones que superan su capacidad de curación o que dejan una inestabilidad en valgo persistente.
La mayoría de las lesiones del LCM se curan con tratamiento no quirúrgico porque el ligamento tiene una buena capacidad de curación, por lo que la reconstrucción se reserva para pacientes seleccionados. Para conocer en detalle la propia lesión y su tratamiento no quirúrgico, puede consultar la página sobre la lesión del LCM, y para las estructuras ligamentosas de la rodilla, la página sobre la rotura de ligamentos de la rodilla.
¿Quién es candidato y quién no?
La decisión de operar no se basa solo en la resonancia magnética, sino en la inestabilidad persistente, la localización de la lesión y el daño ligamentoso asociado. Por lo general, la cirugía se valora en las siguientes situaciones:
- Inestabilidad en valgo que persiste a pesar del tratamiento no quirúrgico y afecta a la vida diaria y al deporte.
- Roturas graves (de alto grado) y ciertos patrones de lesión poco favorables para la curación, como la desinserción del LCM del hueso.
- Lesiones multiligamentosas en las que también está lesionado el LCA o el LCP.
En las lesiones aisladas del LCM favorables para la curación, el tratamiento no quirúrgico es la primera opción. La planificación es diferente en las lesiones multiligamentosas; para más detalles, puede consultar la página sobre la reconstrucción multiligamentosa de la rodilla.
Preparación para la cirugía
Antes de la cirugía se reduce la hinchazón de la rodilla y se recuperan en la medida de lo posible el rango de movimiento y la fuerza muscular; así disminuye el riesgo de rigidez posterior. Una exploración detallada, las radiografías y la resonancia magnética (RM) aclaran la localización y el grado de la lesión y el daño asociado.
Las opciones de injerto, los riesgos y el proceso de rehabilitación se comentan de antemano. Se revisan la medicación anticoagulante, el tabaquismo y el estado general de salud para poder individualizar el plan.
¿Reparación o reconstrucción?
En la cirugía del LCM hay dos enfoques principales, y la elección depende del tipo de lesión y del momento en que se produjo.
- Reparación (y refuerzo): en lesiones adecuadas, por lo general agudas, en las que el ligamento se ha desinsertado del hueso, el ligamento roto se vuelve a fijar con suturas y anclajes; cuando es necesario, la reparación puede reforzarse con un injerto o con una cinta de sutura.
- Reconstrucción: en la inestabilidad crónica, o cuando la calidad del tejido no es adecuada para una reparación, el ligamento se reconstruye con un injerto (habitualmente un tendón del propio paciente) y se fija en los puntos de inserción anatómicos con tornillos o anclajes.
El injerto puede proceder del propio tejido del paciente (autoinjerto) o de un banco de tejidos (aloinjerto). La elección se individualiza según la edad, el nivel de actividad, las lesiones ligamentosas asociadas y las cirugías previas. El objetivo es reproducir lo más fielmente posible los puntos de inserción anatómicos y la tensión del LCM.
Anestesia y operación
La operación se realiza con anestesia general o regional; pueden añadirse bloqueos nerviosos para controlar el dolor. A través de una incisión en la cara interna de la rodilla se accede a los puntos de inserción del ligamento, se prepara el injerto o la reparación y se fija con la tensión ajustada en un ángulo adecuado de la rodilla.
Como la lesión del LCM se acompaña a menudo de una lesión del LCA, del LCP o del menisco, los procedimientos sobre estas estructuras pueden realizarse en la misma intervención. En ese caso, la duración de la operación y el plan de rehabilitación se adaptan en consecuencia.
El primer periodo tras la cirugía
En el periodo inicial, la rodilla suele protegerse con una rodillera articulada; el apoyo del peso y el rango de movimiento avanzan de forma gradual según el procedimiento realizado y las reparaciones asociadas. Las prioridades de este periodo son controlar la hinchazón y el dolor y un movimiento precoz y controlado.
El ángulo que permite la rodillera y la cantidad de peso que se apoya se aumentan con el tiempo. La protección frente a los coágulos relacionados con la inmovilidad también se gestiona según el plan del médico.
Rehabilitación y vuelta al deporte
La fisioterapia comienza pronto tras la cirugía y el programa se individualiza. Avanza, a grandes rasgos, en tres fases:
- Fase inicial: controlar la hinchazón y el dolor, recuperar el rango de movimiento y activar los músculos del muslo.
- Fase intermedia: abrir progresivamente la rodillera, aumentar el apoyo del peso y realizar un fortalecimiento equilibrado.
- Fase avanzada: una vuelta controlada a la actividad con carrera, cambios de dirección y trabajo específico del deporte.
La vuelta al deporte se guía por criterios y no por una fecha fija: rango de movimiento completo sin dolor, una fuerza muscular próxima a la de la otra pierna, estabilidad frente a la tensión en valgo y una calidad controlada de los saltos y de la recepción. Alcanzar estos criterios lleva más tiempo tras una cirugía multiligamentosa, y no se promete ningún plazo fijo.
Riesgos y factores que influyen en el resultado
La cirugía del LCM es, en general, segura; aun así, como en toda cirugía, se tienen en cuenta ciertos riesgos: infección, sangrado, rigidez articular, un injerto o una reparación insuficientes, inestabilidad persistente y, en raras ocasiones, problemas de los nervios o de los vasos sanguíneos.
El resultado depende del tipo de lesión y de su cronicidad, del daño ligamentoso y meniscal asociado, de la alineación de la pierna, de la elección del injerto y, sobre todo, del cumplimiento de la rehabilitación por parte del paciente. Por eso, las expectativas y las limitaciones se comentan abiertamente antes de la cirugía.
¿Cuándo debe consultar a un médico?
Algunos síntomas tras una lesión de rodilla requieren una valoración quirúrgica, y algunos síntomas tras la cirugía son urgentes.
- El dolor en la cara interna de la rodilla y la sensación de que se abre o de que falla persisten a pesar del tratamiento no quirúrgico.
- La rodilla se bloquea, se hincha de forma marcada o no le inspira confianza.
- Después de la cirugía, deben valorarse sin demora un dolor creciente, la fiebre, la supuración de la herida o la hinchazón de una sola pantorrilla.
Para la valoración y el tratamiento de las lesiones de ligamentos de la rodilla, puede contactar con el Prof. Asoc. Dr. Serkan Sürücü; también puede consultar las demás afecciones tratadas dentro de la cirugía de rodilla.
