Codo de golfista (epicondilitis medial)
¿Qué es el codo de golfista (epicondilitis medial)?
El codo de golfista, conocido en medicina como epicondilitis medial (o epitrocleítis), es la lesión de los tendones flexores de la muñeca y de los dedos en el punto donde se insertan en la prominencia ósea de la cara interna del codo (la epitróclea). A pesar de su nombre, es un problema degenerativo del tendón más que una inflamación clásica, y la mayoría de las personas que lo padecen no juegan al golf. La carga que soportan estos tendones a lo largo del tiempo provoca pequeñas roturas y una respuesta de curación fallida en la zona de inserción.
Esta afección es el equivalente, en la cara interna del codo, del codo de tenista. En ambos casos hay una sobrecarga en el punto donde el tendón se une al hueso; la diferencia está en la localización del dolor. En el codo de golfista, el dolor se sitúa en la cara interna y empeora al doblar la muñeca hacia abajo y al agarrar objetos.
¿Qué causa el codo de golfista? Factores de riesgo
Cualquier persona puede desarrollar un codo de golfista, pero se ven afectadas con más frecuencia las personas que usan de forma repetida la mano, la muñeca y el antebrazo. El riesgo aumenta con la carga total que reciben los tendones flexores, más que con un movimiento concreto.
- Profesiones con agarres repetidos y trabajo de muñeca: carpinteros, fontaneros, cocineros, sastres y trabajadores de cadenas de montaje.
- Deportes que cargan la cara interna del antebrazo: golf, deportes de lanzamiento, deportes de raqueta y entrenamiento con pesas con agarres intensos.
- Una técnica deficiente, un calentamiento insuficiente, un aumento brusco de la carga de entrenamiento y un material demasiado pesado o de un tamaño inadecuado.
- Una edad entre los 40 y los 60 años, cuando los tendones toleran peor la carga repetida, y problemas previos de codo en el mismo lado.
Síntomas del codo de golfista
Los síntomas suelen aparecer de forma gradual, más que tras una única lesión. El dolor suele empezar como una molestia que se calma con el reposo y vuelve con la actividad.
- Dolor y sensibilidad muy localizada sobre la prominencia ósea de la cara interna del codo.
- Dolor que aumenta al doblar la muñeca hacia abajo contra resistencia o al agarrar con fuerza.
- Dolor que se extiende por la cara interna del antebrazo y un agarre más débil y menos seguro.
- Rigidez del codo, sobre todo por la mañana o tras un periodo de uso intenso.
- En algunos pacientes, entumecimiento u hormigueo en los dedos anular y meñique, lo que sugiere que el nervio cubital también está afectado.
Afecciones que pueden parecerse al codo de golfista
El dolor en la cara interna del codo puede tener varios orígenes, por lo que la exploración permite distinguir el codo de golfista de ellos. La irritación del nervio cubital, cuando pasa por detrás de la cara interna del codo, produce entumecimiento y hormigueo en los dedos anular y meñique, más que un dolor tendinoso al agarrar. Una lesión del ligamento colateral cubital (medial), que se observa sobre todo en deportistas de lanzamiento, provoca inestabilidad y dolor durante el gesto de lanzar.
El desgaste de la propia articulación y la rigidez orientan hacia una artrosis de codo más que hacia un problema tendinoso, y el dolor referido desde el cuello baja por el brazo con los movimientos del cuello. Distinguirlos es importante, porque el tratamiento de cada uno es diferente.
¿Cómo se diagnostica el codo de golfista?
El diagnóstico suele establecerse a partir de la historia clínica y la exploración física. La valoración incluye cuándo empezó el dolor, qué actividades lo provocan, el tipo de trabajo y de deporte, y si existe algún entumecimiento en la mano.
- Presionar sobre la prominencia ósea interna y el origen del tendón para localizar el punto de máxima sensibilidad.
- Reproducir el dolor doblando la muñeca hacia abajo contra resistencia con el codo estirado.
- Comprobar la estabilidad del ligamento interno y explorar el nervio cubital, para no pasar por alto un problema del ligamento o del nervio.
En la mayoría de los casos no se necesitan pruebas de imagen para confirmar el diagnóstico. Pueden solicitarse radiografías para buscar calcificaciones o artrosis, y la ecografía o la resonancia magnética (RM) se reservan para los casos persistentes, cuando el diagnóstico es dudoso o cuando se sospecha un problema del ligamento o del nervio junto al del tendón.
Tratamiento no quirúrgico
La gran mayoría de los pacientes se recuperan con un tratamiento no quirúrgico. El objetivo es, primero, calmar el dolor y, después, recuperar paso a paso la capacidad de carga del tendón, para que la misma sobrecarga no vuelva sin más.
- Modificación de la actividad y de la ergonomía: ajustar la técnica, las herramientas y la carga de trabajo para que los tendones flexores no se sobrecarguen de forma repetida, en lugar de dejar toda actividad.
- Control del dolor: analgésicos o antiinflamatorios de corta duración y aplicación de frío durante los brotes.
- Una cincha (brazalete) de contrafuerza o una férula de muñeca en pacientes seleccionados para reducir la tensión sobre el tendón durante las tareas que agravan el dolor.
- Fisioterapia: es la base del tratamiento y se apoya en la carga progresiva de los músculos flexores y pronadores, no solo en medidas pasivas.
Ejercicio y rehabilitación
El ejercicio estructurado y progresivo da al tendón un motivo para remodelarse y reconstruir su tolerancia a la carga. El programa avanza según los síntomas y no según un calendario fijo.
- Estiramientos suaves de los flexores y pronadores de la muñeca dentro de un rango cómodo para reducir la tensión en el origen del tendón.
- Ejercicios isométricos en la fase inicial dolorosa, en los que el músculo trabaja sin que la articulación se mueva, para cargar el tendón manteniendo el dolor bajo.
- Fortalecimiento progresivo, que incluye ejercicios excéntricos de flexión de muñeca lentos y controlados, añadidos a medida que el dolor lo permite.
- Acondicionamiento del agarre y del antebrazo y, cuando procede, corrección de la técnica deportiva o laboral antes de volver por completo a la actividad que agrava el dolor.
Una molestia leve durante el ejercicio y poco después es aceptable, pero un dolor que empeora al día siguiente significa que la carga fue excesiva, y el programa se suaviza. La constancia a lo largo de las semanas importa más que la intensidad de una sesión concreta.
Infiltraciones y tratamientos biológicos
Las infiltraciones se valoran en los pacientes cuyo dolor no se calma con un programa de ejercicios bien seguido. Su función es apoyar la rehabilitación, no sustituirla, y la elección se comenta de forma individual en lugar de aplicarse de manera rutinaria. Opciones como el plasma rico en plaquetas se utilizan con prudencia, ya que la evidencia en los problemas tendinosos degenerativos es dispar.
Las infiltraciones de corticoides pueden aliviar el dolor a corto plazo, pero no mejoran de forma fiable el resultado a largo plazo y se utilizan con moderación en la cara interna del codo porque el nervio cubital se encuentra muy cerca. Las infiltraciones biológicas se plantean como una opción entre varias, sin prometer un resultado determinado.
¿Cuándo se necesita cirugía?
La cirugía solo es relevante para un número reducido de pacientes. Por lo general se valora cuando el dolor persiste a pesar de al menos seis meses de un programa no quirúrgico bien seguido y sigue limitando el trabajo y la vida diaria.
El procedimiento elimina la parte degenerada del tendón y vuelve a fijar el tejido sano al hueso; si el nervio cubital también está afectado, puede tratarse al mismo tiempo. Tras la cirugía se sigue un programa de rehabilitación estructurado, y la decisión se individualiza en lugar de ofrecerse como un paso rutinario.
Tiempo de recuperación y prevención
Una reducción clara de los síntomas suele tardar varios meses, y la recuperación completa puede llevar entre seis meses y un año. El proceso puede ser más largo en las personas que tienen síntomas desde hace mucho tiempo o que usan el brazo de forma intensa. Que la recuperación sea larga no significa que el tratamiento esté fracasando; un tendón degenerado se remodela lentamente.
Una vez que los síntomas se calman, las mismas medidas que tratan el codo de golfista ayudan a evitar que vuelva: calentar antes de la actividad, aumentar la carga de forma gradual, mantener una buena técnica, usar un material del tamaño adecuado y conservar la fuerza del antebrazo. La sobrecarga repetida antes de que el tendón se haya recuperado es la razón más frecuente por la que reaparecen los síntomas.
¿Cuándo debe consultar a un médico?
Valorar pronto el dolor de la cara interna del codo facilita su tratamiento y ayuda a descartar problemas del ligamento o del nervio que requieren un manejo diferente.
- Dolor que no se calma en unas semanas o que afecta a las actividades diarias y al sueño.
- Un agarre que se ha vuelto claramente más débil, o dificultad para sostener y levantar objetos.
- Entumecimiento u hormigueo en los dedos anular y meñique, lo que sugiere una afectación del nervio cubital.
- Sensación de inestabilidad o dolor al lanzar, lo que puede indicar un problema del ligamento más que del tendón.
Para que valoren su codo, puede contactar con el Prof. Asoc. Dr. Serkan Sürücü; también puede consultar las demás afecciones tratadas dentro de la cirugía de codo.
