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Lesión del ligamento colateral medial (LCM)

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Respuesta breve

Una lesión del ligamento colateral medial (LCM) se produce cuando el ligamento que va desde el fémur hasta la cara interna de la tibia, y que estabiliza la rodilla frente a la apertura hacia dentro, se estira más allá de su límite normal. Es uno de los ligamentos de la rodilla que se lesionan con más frecuencia. Como tiene un buen riego sanguíneo, la mayoría de las lesiones se curan sin cirugía.

Lesión del ligamento colateral medial (LCM)

¿Qué es una lesión del ligamento colateral medial (LCM)?

El ligamento colateral medial (LCM) es uno de los cuatro ligamentos principales de la rodilla; va desde el fémur hasta la cara interna de la tibia y estabiliza la rodilla frente a la apertura hacia dentro (valgo). Una lesión del LCM se produce cuando este ligamento se estira más allá de su límite normal.

El LCM es uno de los ligamentos que se lesionan con más frecuencia en la rodilla. Como tiene un buen riego sanguíneo, la mayoría de las lesiones se curan sin cirugía; sin embargo, las roturas graves y las lesiones en las que también se ven afectados otros ligamentos se tratan de otra manera. Para conocer las opciones quirúrgicas, puede consultar la página sobre la reconstrucción del LCM, y para las estructuras ligamentosas de la rodilla, la página sobre la rotura de ligamentos de la rodilla.

¿Cómo se produce? Factores de riesgo

La lesión del LCM suele deberse a una fuerza que empuja la rodilla a abrirse hacia dentro. El mecanismo más típico es un golpe directo en la cara externa de la rodilla; es frecuente en los deportes de contacto y en los que implican giros.

  • Un golpe en la cara externa de la rodilla (deportes de contacto como el fútbol, el esquí y la lucha).
  • La apertura de la rodilla hacia dentro durante cambios bruscos de dirección, giros o una mala recepción tras un salto.
  • Un calentamiento insuficiente, el cansancio y las lesiones previas de rodilla aumentan el riesgo.

Grados de lesión

Las lesiones del LCM se clasifican en tres grados según la gravedad del daño y la laxitud que dejan en la rodilla; esta clasificación orienta el plan de tratamiento.

  • Grado 1: el ligamento está distendido, pero conserva su integridad; hay un dolor y una sensibilidad leves sin una laxitud apreciable.
  • Grado 2: rotura parcial; hay dolor en la cara interna, una laxitud leve a moderada e inestabilidad al forzar la rodilla.
  • Grado 3: rotura completa; hay una laxitud marcada, la rodilla se abre hacia dentro y a menudo existe también otra lesión ligamentosa.

Síntomas

Los síntomas varían según el grado de la lesión; en los casos leves solo hay sensibilidad en la cara interna, mientras que en los casos graves hay una inestabilidad marcada.

  • Dolor y sensibilidad muy localizada en la cara interna de la rodilla.
  • Hinchazón y, en ocasiones, hematoma.
  • Sensación de fallo o de falta de confianza al apoyar el peso o al forzar la rodilla hacia un lado.
  • Sensación de desgarro o un chasquido en la cara interna en el momento de la lesión.

Afecciones con las que puede confundirse

El LCM no es la única causa de dolor en la cara interna de la rodilla; la exploración permite distinguirlas. Una lesión del ligamento cruzado anterior suele provocar un fallo de la rodilla en el momento del giro y, por lo general, una hinchazón rápida, mientras que en una lesión del LCM el dolor y la laxitud se localizan en la cara interna.

Una rotura del menisco interno también causa dolor en la cara interna y, en ocasiones, bloqueo; a veces coexisten una lesión del LCM y una lesión de menisco. En una lesión grave en valgo se tiene en cuenta la posibilidad de una lesión multiligamentosa que afecte a más de una estructura, y esto cambia el tratamiento.

Diagnóstico: exploración y pruebas de imagen

El diagnóstico comienza con la historia clínica y la exploración física. Una prueba de estrés en valgo aplicada sobre la cara interna de la rodilla valora la laxitud y el dolor; también se exploran los demás ligamentos y el menisco.

Las radiografías se utilizan para descartar lesiones óseas; la resonancia magnética (RM) es el estudio más valioso para mostrar el grado del daño del ligamento y cualquier lesión asociada del menisco o de los ligamentos cruzados. Así se aclara si la lesión es aislada o forma parte de una lesión multiligamentosa.

Tratamiento no quirúrgico

La mayoría de las lesiones aisladas del LCM, sea cual sea su grado, se curan sin cirugía, porque el riego sanguíneo y la capacidad de curación del ligamento son buenos. El objetivo del tratamiento es reducir el dolor y la hinchazón y, después, devolver gradualmente la rodilla a la carga y al movimiento mientras se protege el ligamento.

  • Controlar el dolor y la hinchazón en el periodo inicial y, cuando es necesario, limitar el apoyo del peso con muletas.
  • Permitir un movimiento controlado mientras se protege el ligamento con una rodillera articulada.
  • Fisioterapia dirigida al rango de movimiento y, después, al fortalecimiento progresivo y al equilibrio.

¿Cuándo se necesita cirugía?

En las lesiones aisladas del LCM rara vez se necesita cirugía. La inestabilidad en valgo que persiste a pesar del tratamiento no quirúrgico, ciertos patrones de lesión poco favorables para la curación y las lesiones multiligamentosas hacen que se plantee la cirugía.

En estas situaciones se realiza una reparación o una reconstrucción con injerto según el tipo de lesión; los detalles se encuentran en la página sobre la reconstrucción del LCM. Si también está lesionado otro ligamento, como el LCA o el LCP, el plan quirúrgico se establece en consecuencia.

Recuperación y vuelta al deporte

El tiempo de recuperación varía según el grado de la lesión; las lesiones leves se resuelven en unas semanas, mientras que las roturas graves pueden tardar más. Durante todo el proceso se sigue un programa que avanza dentro de los límites del dolor.

La vuelta al deporte se guía por criterios y no por una fecha fija: rango de movimiento completo sin dolor, una fuerza muscular próxima a la de la otra pierna, estabilidad frente a la tensión en valgo y una calidad controlada de los cambios de dirección. Una vuelta precoz y forzada aumenta el riesgo de una nueva lesión.

Prevención

Algunas lesiones del LCM, sobre todo en los deportistas, pueden reducirse con preparación y técnica. El objetivo es que la rodilla resista mejor una tensión brusca en valgo.

  • Fortalecimiento regular de los músculos del muslo, de la cadera y del tronco, y trabajo de equilibrio.
  • Aprender una técnica correcta de recepción, de giro y de cambio de dirección (entrenamiento neuromuscular).
  • Un calentamiento y un descanso adecuados, y no volver al deporte antes de que una lesión previa se haya recuperado por completo.

¿Cuándo debe consultar a un médico?

Valorar pronto una lesión de rodilla garantiza que no se pasen por alto las lesiones de los ligamentos cruzados y del menisco que pueden acompañar a una lesión del LCM.

  • Tras una lesión de rodilla hay dolor en la cara interna, hinchazón y la sensación de que la rodilla falla o no le inspira confianza.
  • La rodilla se bloquea, no se estira ni se dobla por completo, o no puede apoyar el peso.
  • Los síntomas persisten o reaparecen a pesar del tratamiento no quirúrgico.

Para la valoración de las lesiones de ligamentos de la rodilla, puede contactar con el Prof. Asoc. Dr. Serkan Sürücü; también puede consultar las demás afecciones tratadas dentro de la cirugía de rodilla.

Fuentes y lecturas adicionales

Fuentes seleccionadas utilizadas para preparar esta página:

  1. Collateral Ligament Injuries — AAOS OrthoInfo
  2. Knee Injuries and Disorders — MedlinePlus (U.S. National Library of Medicine)
  3. Sprains and strains — NHS
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Una lesión del LCM es una distensión o una rotura que se produce cuando el ligamento que limita la apertura de la rodilla hacia dentro se estira más allá de su límite normal. El LCM es uno de los ligamentos que se lesionan con más frecuencia en la rodilla y, como tiene un buen riego sanguíneo, la mayoría de las lesiones se curan sin cirugía.

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